Para este científico joven, la validación de sus pares es el motor más potente y ser reconocido por su investigación doctoral además de un hito académico, fue un punto de inflexión en su confianza personal entregándole seguridad para seguir con su investigación.
La distinción, valida años de estudio sobre la proteína TM26, y le abrió las puertas a un intercambio de alto nivel. “Al congreso donde me entregaron el premio asisten muchos investigadores que ya tienen renombre dentro de la Sociedad de Biología Celular y gracias al premio, se acercaron a conversar conmigo a preguntarme sobre mi investigación. Me permitió dar a conocer más mi trabajo”, comenta.
En un área como la neurobiología, donde los investigadores suelen ser un grupo más reducido dentro de sociedades científicas más amplias, este reconocimiento le dio una perspectiva nueva a su investigación gracias a la retroalimentación recibida. Ese intercambio multidisciplinario le permitió notar que su estudio no solo era relevante por sus resultados técnicos, sino por abordar una patología de interés mundial que aún carece de cura.
Entre la clínica y la ciencia básica
El interés por estudiar esta proteína no surgió en un laboratorio si no del contacto directo con los pacientes. Su formación como kinesiólogo lo llevó a trabajar en el área clínica de neurología, donde el Parkinson dejó de ser un concepto para convertirse en un desafío cotidiano. Fue esa experiencia la que sembró las preguntas que lo llevaron al doctorado. “Mi interés es estudiar desde la biología celular las respuestas que después van a dar el fenotipo que uno ve en la clínica”, explica.
Esta visión integral fue la que plasmó en su tesis, donde investigó el rol de la proteína TM26. A través de cuatro modelos biológicos, Pablo Ahumada demostró que al sobre expresar esta proteína se logra un efecto neuro protector en las neuronas vulnerables al Parkinson, frenando el mecanismo de "estrés de retículo" que normalmente las conduce a la muerte.
TM26 y plasticidad neuronal
Para Pablo Ahumada, el premio a la Mejor Tesis de Doctorado 2025 cimenta el camino de su actual posdoctorado en la Universidad Andrés Bello, donde continuará explorando las preguntas que quedaron abiertas durante su tesis, enfocándose ahora en cómo la misma proteína TM26 participa en la plasticidad neuronal y en la comunicación de las dendritas en contextos basales y de enfermedad.
Con la mirada puesta en la colaboración y la difusión de la ciencia, Pablo Ahumada valora el premio como una herramienta de validación para el trabajo en equipo. Para él, la ciencia es un proceso colaborativo donde este tipo de hitos permiten, finalmente, dar a conocer hallazgos que algún día podrían ralentizar o frenar el avance del Parkinson.
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