Cada 11 de febrero, en el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, se abre una oportunidad clave para visibilizar referentes femeninos y permitir que niñas y jóvenes se proyecten en la ciencia. Reconocer estos modelos no es solo un acto simbólico: es una forma concreta de afirmar que el talento, la vocación y el liderazgo científico también se expresan —y se han expresado históricamente— a través del aporte de mujeres en múltiples disciplinas.

La ciencia y la innovación no pueden comprenderse sin el rol de las mujeres. Más allá de la vocación por el descubrimiento, la investigación científica es un motor de desarrollo económico y social que no puede prescindir de actores fundamentales debido a sesgos de género históricos, hoy claramente obsoletos. En este contexto, visibilizar el trabajo de las científicas es clave para dimensionar el impacto real, transversal y sostenido de su contribución.

Un ejemplo concreto de este esfuerzo es la Tabla Periódica de Mujeres Científicas Chilenas, iniciativa impulsada por Constanza Napolitano, investigadora de la Universidad de Los Lagos, en conjunto con la Biblioteca del Congreso Nacional. Este proyecto pone en valor a científicas nacionales de distintas áreas, destacando sus trayectorias profesionales y principales logros, muchos de los cuales han sido fundamentales para el avance del conocimiento, pero han permanecido por años fuera del relato tradicional de la ciencia.

Desde el ámbito de la innovación biomédica, Valentina Jarur, Magíster y Doctora en Innovación en Medicina y Gerente de Innovación y Desarrollo de GrupoBios, sostiene que el aporte de las mujeres a las ciencias médicas y biotecnológicas es incuestionable. Desde el legado de Marie Curie en la radioactividad hasta el trabajo contemporáneo de Jennifer Doudna en edición genética, las mujeres han redefinido la medicina moderna.

Para la especialista en genética humana, el desarrollo de la tecnología CRISPR-Cas9, liderado por Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier, es un ejemplo paradigmático de cómo la ciencia básica impulsada por mujeres puede escalar hasta transformar la medicina a nivel global.

“Tuve el privilegio de aplicar y conocer esta tecnología en detalle durante mi investigación, siendo testigo de la enorme capacidad humana para editar el material genético de forma precisa, eficiente y sencilla. Algo que, hasta hace poco, pertenecía al terreno de la ciencia ficción. Estos descubrimientos constituyen una auténtica revolución génica, que nos obliga —como líderes en biotecnología— a avanzar con los más altos estándares éticos y humanitarios, asegurando que el progreso científico esté siempre al servicio de la dignidad humana”.

Liderazgo femenino combina excelencia técnica con visión humana

En Chile, el trabajo de las mujeres en ciencia alcanza estándares de nivel mundial. Muchas científicas se han formado en centros de excelencia internacionales y han optado por regresar al país con el objetivo de generar impacto directo en la sociedad.

No obstante, el ecosistema científico nacional enfrenta desafíos estructurales relevantes. La inversión en I+D sigue siendo baja —apenas 0,41% del PIB, muy por debajo del promedio OCDE— y la compleja geografía del país encarece y retrasa el acceso a insumos y servicios especializados.

“En el ecosistema de I+D+i, la diversidad no es un accesorio, es una ventaja operativa. El liderazgo femenino aporta mayor resolutividad, planificación meticulosa y un liderazgo más horizontal. Estas cualidades son críticas para optimizar procesos complejos y asegurar que la innovación no solo sea brillante en el papel, sino eficiente y humana en su ejecución”, agrega Jarur.

A pesar de estas limitaciones, la ciencia chilena ha demostrado una resiliencia y eficiencia notables. Las científicas destacadas en la Tabla Periódica de la Biblioteca del Congreso Nacional son reflejo de ello, así como del valor del acompañamiento y la mentoría femenina en la formación de nuevas generaciones. “Tuve el honor de contar con la Dra. Fabiola Osorio y la Dra. Lorena Tapia como mentoras durante mi investigación doctoral. Ellas representan de forma ejemplar cómo el liderazgo femenino combina excelencia técnica con una visión humana, conciliadora y con foco en el impacto social y en el paciente”, señala.

Desafíos estructurales y brechas de género

Uno de los desafíos pendientes más complejos del ecosistema científico es la vulnerabilidad financiera de los proyectos de investigación, particularmente en relación con la maternidad. En sistemas de presupuestos ajustados, el embarazo sigue siendo percibido como un riesgo operativo, ya que los costos de reemplazo y los retrasos recaen directamente sobre los proyectos.

“Este es un sesgo estructural que, en la práctica, favorece la contratación masculina para asegurar la continuidad operacional. Avanzar hacia mecanismos de financiamiento que contemplen fondos de contingencia por maternidad permitiría que la vida personal de una científica no compita con la viabilidad financiera de su trabajo”, enfatiza Jarur.

Visibilizar, reconocer y apoyar a las mujeres en ciencia no es solo una cuestión de equidad: es una decisión estratégica para el desarrollo del conocimiento, la innovación y el bienestar social. Iniciativas como la impulsada por Constanza Napolitano contribuyen de manera concreta a ese objetivo, poniendo rostro, historia y mérito al liderazgo femenino en la ciencia chilena.

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