Su tesis de pregrado para optar al grado de Licenciada en Bioquímica en la Universidad de Chile abordó el rol de la quinasa GCN2 en la modulación de la autofagia en el sistema nervioso central, utilizando un modelo murino y poniendo especial énfasis en un aspecto históricamente subrepresentado en la investigación biomédica: las diferencias entre machos y hembras.
Entender cómo el cerebro se adapta a la escasez de nutrientes
El trabajo de Sofía se centró en el estudio de un mecanismo celular clave en la detección del equilibrio nutricional, particularmente relevante en neuronas, células altamente demandantes de energía y especialmente vulnerables a alteraciones metabólicas.
“Queríamos estudiar un sensor de los niveles de aminoácidos que se activa cuando hay una menor ingesta proteica. Entender cómo funciona abre la puerta, en el futuro, a pensar en terapias dirigidas o intervenciones más específicas”, explica.
Para ello, utilizó dietas bajas en proteínas que permitieron activar este regulador y observar sus efectos en distintas áreas del cerebro, como la corteza motora y el hipotálamo, analizando los mecanismos que contribuyen a recuperar el equilibrio aminoacídico.
Resultados distintos según el sexo
Bajo la dirección de la Dra. María Soledad Matus Montero, investigadora principal del Centro Ciencia & Vida (FCV-USS) y académica de la Facultad de Ciencias de la Universidad San Sebastián; su investigación destacó por la inclusión sistemática de machos y hembras, lo que permitió identificar respuestas biológicas diferenciadas.
“Vimos que la dieta baja en proteínas disminuía el peso corporal en los machos, pero no en las hembras. Esto es importante, porque muchas veces se extrapolan resultados sin considerar estas diferencias, lo que puede llevar a tratamientos menos efectivos”, señala.
Este enfoque refuerza la necesidad de diseñar investigaciones y potenciales terapias considerando la variable sexo, un punto cada vez más relevante en la ciencia contemporánea.
Investigar también es aprender a convivir con la incertidumbre
Más allá de los resultados, Sofía destaca el proceso investigativo como una experiencia formativa profunda.
“Todo el tiempo aparecían resultados inesperados. Uno avanza una respuesta y surgen diez preguntas nuevas. Eso me enseñó a enfrentar los problemas con una mirada más abierta y a aceptar que la ciencia no es lineal”, comenta.
“Aprovechar la tesis al máximo”
Postular al premio fue, para Sofía, una forma de darle continuidad y proyección a un trabajo extenso y exigente. “Sentía que la tesis era robusta, que contemplaba muchas variables. Pensé que valía la pena intentar y sacarle el máximo provecho al trabajo realizado”, recuerda.
El reconocimiento tuvo un impacto tanto profesional como personal: reforzó su confianza, la impulsó a participar en nuevas instancias y a comunicar su trabajo más allá del laboratorio.
“Es un honor enorme que me llena de orgullo. Me ha empujado a espacios en los que antes no me veía, como dar entrevistas y hablar de ciencia a otros públicos, algo que también es muy importante”, concluye.
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